viernes, 19 de agosto de 2011

Hay momentos que deberían ser eternos... ~ ♥


No. Sí. No. Sí. Una margarita que se deshoja poco a poco, miradas que se cruzan llenas de complicidad, simple juego que esconde grandes verdades. Bailan. Ríen. Hablan. Miradas que no dejan de cruzarse, una margarita en cuyos pétalos se esconden miles de sí, ganas tentación que no dejan de crecer a cada segundo, tentación de la que solo pueden librarse cayendo en ella e, inevitablemente, caen. Noche mágica. Noche llena de silencios que hablan por si solos. Noche que, lamentablemente, la distancia hará caer en el olvido. A pesar de todo, noche llena de felicidad.

Te levantas una mañana pensativo, deprimido, agotado física e intelectualmente, sin ganas de nada. Sin embargo, sabes que no te queda otro remedio que seguir adelante, reír, disimular, caminar, animarte y mostrar una sonrisa que pueda hacer feliz a los demás.
Te asomas a la ventana y ves el amanecer, que te muestra un día que a simple vista va a ser horrible, el cielo está encapotado, pero en esta ocasión no hay nadie que vaya a desencapotarlo por ti. Sólo podrás hacerlo tú.
Te vistes con lo primero que encuentras, porque esos días son aquellos en los que todo carece de importancia. Sales a la calle y te enfrentas a lo que está por venir y que a la vez, en algún momento tendrá su final, aunque en ese instante pueda parecer terrible e infinitamente inacabable. 

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