lunes, 22 de agosto de 2011

En estos momentos... ~ ♥

En estos momentos hay gente naciendo, muriendo, besando, gente riendo y llorando, pidiendo en matrimonio al que cree ser el amor de su vida y otros muchos dejando a su pareja, declarándose a su chic@ o robándole un beso. Gente divirtiéndose en la playa, piscina, en un bar de copas con los amigos… También hay gente durmiendo y despertando, trabajando y buscando trabajo, robando y gente devolviendo lo que se ha encontrado que no es suyo. Hay gente buscando emociones fuertes en internet, entreteniéndose, o simplemente viendo una serie. Hay gente que en estos momentos estará leyendo lo que escribo, y mientras, yo, estoy pensando en ti.
Y un día, te levantas una mañana y dejas de reconocer lo que te rodea. Es difícil. Parece que te falte el suelo bajo los pies. El camino que conocías, las palabras que sabías, los olores y sabores que hacían que te sintieras protegida... No, ya nada de aquello existe. Te das cuenta de cómo poco a poco todo se ha ido desvaneciendo, tu mundo ya no es el que era, el que conocías, el que manejabas.
Es extraño, te sientes perdida, sola, y nadie puede comprender lo que notas que te está pasando. Y es entonces cuando decides olvidar, deshacerte de ese sentimiento y evadirte de tu realidad. Sí, esa es mi respuesta a tu pregunta diaria de ''¿por qué?''.
Pero, ¿sabes lo peor? Que llegará el momento en que miraré mi vida, la habré visto pasar y me preguntaré dónde estuve todo ese tiempo...

reces, experimentas, aprendes, crees saber cómo funcionan las cosas, estás convencido de haber en­contrado la clave que te permitirá entender y enfrentarte a todo. Pero después, cuando menos te lo esperas, cuando el equilibrio parece per­fecto, cuando crees haber dado todas las respuestas o, al menos, la mayor parte de ellas, surge una nueva adivinanza. Y no sabes qué res­ponder. Te pilla por sorpresa. Lo único que consigues entender es que el amor no te pertenece, que es ese mágico momento en que dos personas deciden a la vez vivir, saborear a fondo las cosas, soñando, can­tando en el alma, sintiéndose ligeras y únicas. Sin posibilidad de razo­nar demasiado. Hasta que ambas lo deseen. Hasta que una de las dos se marche. Y no habrá manera, hechos o palabras que puedan hacer entrar en razón al otro. Porque el amor no responde a razones.

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